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25 años, 25 festivales

25 años, 25 festivales Rolando Pérez Betancourt.
Gramna. 3/12/2003.

Cuando desde hoy usted trasponga las puertas del cine estará celebrando veinticinco años de una cita originada también en la oscuridad de un ya lejano 3 de diciembre de 1979. No recuerdo si el tiempo estaba como ahora —algo de frío y lluvia—, pero sí que no pocos amantes del celuloide nos preguntábamos cómo sería eso de tener un Festival de Cine Latinoamericano en La Habana (ni pensar entonces en subsedes en otras provincias).

Gabriel García Márquez y Santiago Álvarez encabezaron los jurados de aquel modesto encuentro efectuado fundamentalmente en un cine, pero lleno de pasión y dominado por una idea absoluta: al contrario de otros festivales del continente que nacían y morían ahogados por no pocas penurias, esta fiesta de nuestra identidad tendría que vivir.

Ese es el mérito principal del Festival: vivir y saber avanzar lo mismo entre la tormenta que en la calma del arco iris, avanzar y no dejar nunca esperando a ese espectador que ávido de zambullirse en mares de celuloide hace de la cita de diciembre su gran Océano.

Cuando en 1980, un año después del inicio, tres salas habaneras se ponían en función del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, algunos hablaron con euforia de "encuentro masivo", sin imaginar que lo bueno estaba por llegar.

Hoy, y desde hace años, el Festival del Nuevo Cine ronda el millón de espectadores y se ha convertido en el evento de su tipo de mayor participación popular que se celebra en el mundo. Y no solo cine latinoamericano, sino también buen cine proveniente de las más diversas latitudes, lo que de ningún modo le resta importancia a los títulos en competencia, ya que en todos los casos sobran los espectadores (conocedores y en formación) para llenar las salas.

Además, el poder de convocatoria que tiene el Festival para arrimar a nuestras costas las más diversas muestras internacionales es algo que hay que aprovechar hasta el último suspiro —como diría Buñuel— en aras de ver ahora lo que después sería difícil de conseguir.

Personalidades que nos visitan, música, artes plásticas, los más diversos encuentros teóricos, cine, mucho cine para ver durante diez frenéticas jornadas, hacen del Festival una fiesta cultural única en el país, y de esta 25 convocatoria un aniversario de todos. Y en especial, de aquellos que desde siempre cumplieron con el propósito de que el Festival tendría que vivir.

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